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Conversación con Martín Wieser: “La ciudad debe ser un tema de todos los días”

Martín Wieser es un arquitecto graduado de la Universidad Ricardo Palma. Cuenta con un magíster en Desarrollo Internacional en la Universidad Politécnica de Cataluña, así como también un doctorado en Ámbitos de Investigación en la Energía y el Medio Ambiente en la misma universidad. Actualmente se despeña como docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en su alma máter, la ya mencionada Ricardo Palma. A continuación, narraremos un poco acerca de su preocupación por Lima y la manera en que esta se ha venido desarrollando.







“Me duele la ciudad […] la estamos matando lentamente”







La conversación comenzó indagando más acerca de su artículo Los edificios y la configuración del espacio público en las calles de Lima. (Ver link). En él, narró sus inquietudes sobre la capital peruana desde un punto de vista urbanístico, a pesar de que él no se considera especialista en el tema. Wieser afirmó que el primer gran error es construir de la misma manera en todo el Perú, evidenciando que no se toma en cuenta el contexto del edificio. Además, respecto a la “Lima Formal”, dijo que “desperdiciamos una oportunidad de oro destruyendo viviendas unifamiliares y construyendo suburbios en altura”. Con esta aseveración, se puede inferir que el autor considera un error el no aprovechar la posibilidad de reorganizar la ciudad. Es decir, se podrían construir nuevas edificaciones que beneficien tanto al peatón como a los usuarios de diversas maneras, dentro de las cuales, Wieser destaca la construcción de espacios de uso mixto.


Posteriormente, le preguntamos acerca del término que usó en su artículo para apodar la tipología de edificio residencial limeño: edificio idiota. Respondió que la expresión nació de preguntarse si una persona comete actos inconscientes por maldad o por ignorancia. Él espera que se trate de lo segundo y nos contó que, en la Antigua Grecia, de alguna manera se le llamaba así (“idiota”) a aquel que no ejercía ciudadanía; es decir, que no se comprometía con las decisiones de la ciudad. Por consiguiente, “idiota”, sería el tipo edificio que no responde a las necesidades del barrio, que se desentiende de este y que, por tanto, lo perjudica. ¿Qué pasa cuando caminamos por la calle, no encontramos ningún tipo de servicio y vemos únicamente muros ciegos o estacionamientos? Es para ponernos a reflexionar si nos encontramos ante estos “edificios idiotas”, que no nos ofrecen nada.




“Aprendí muchísimo de urbanismo usando la ciudad. (…) Me enseñó mucho a darme cuenta de que todo se puede diseñar, todo SE DEBE diseñar.”



Con respecto al urbanismo en Lima, Wieser señaló que uno de los mayores inconvenientes en nuestra capital es buscar imitar a Miami. Afirmó que Lima es una mala copia de la ciudad floridana, que a su vez sirve de ejemplo para los suburbios y otras ciudades del Perú. Debido a esto, concluyó que muchos diseños son “una copia de la mala copia”.


Por otro lado, sostuvo que “el tema de la movilidad es el principal [problema] que tiene Lima y es el mejor pretexto para empezar a repensarla”. Siendo así, señaló que es válido el uso del carro particular, pero no está bien subvencionarlo, ya que la vía pública se mantiene con impuestos de todos los ciudadanos... ¿por qué quejarse por pagar estacionamientos? Además, dijo que una solución para el tráfico limeño sería fomentar el transporte público y ponerlo como prioridad, utilizando diversas medidas, tales como la creación de un carril exclusivo para buses. De esta manera, se agilizaría el transporte público, lo que traería una disminución del tráfico y, a largo plazo, un menor número de ciudadanos en carros privados. Por otro lado, nos invitó a pensar qué políticas de movilidad tienen las empresas o instituciones. Si se cobrara por los estacionamientos, por ejemplo, se podrían comprar buses eléctricos. Lo difícil está, según él, en la aceptación de estas medidas por parte de los usuarios, en cómo hacerles ver que es lo mejor para la ciudad.







“La ciudad implica civilizarnos, relacionarnos con el resto de gente”





En otro orden de ideas, Wieser reflexionó sobre Lima como ciudad desértica: “¿por qué gastar tanta agua [potable] en riego?”. El autor nos comentó que, al hablar de áreas verdes, no deberíamos pensar solo en grass, sino en otras especies que consuman menos agua, como cactus o huarangos. Asimismo, nos contó que, en otras ciudades, es impensable gastar tanta agua dulce en el riego de plantas y que basta con el agua de lluvia. Consideremos el hecho de que gran parte de la población no tiene acceso a agua potable.


Más adelante, le preguntamos en qué momento debimos hacer algo en el ámbito urbano y no lo hicimos. Ante esta pregunta, el arquitecto dijo que hicimos mal en los años 20 y 30 al creer que Lima sería un suburbio americano, “vivíamos en una fantasía”. También, destacó una serie de oportunidades perdidas en la organización urbanística de Lima.


La primera de ellas fue el no construir un carril exclusivo para buses en la Costa Verde. De esta manera, como él afirmó, el traslado de gente entre Chorrillos y el Callao se hubiera agilizado considerablemente, evitando así las interminables filas de carros que se ven a diario en esta vía.

Además, Wieser señaló que otro gran error fue no colocar la Línea 1 del metro limeño en el eje central de la Vía Expresa – Paseo de la República. Según él, se sabía que esta era la mejor salida. Sin embargo, insinuó que la distribución actual se debe al ego de Alan García, quien no quería que su obra compitiera con la del ex alcalde de Lima, Luis Bedoya Reyes.


La tercera y última oportunidad perdida que destacó el autor es la mala gestión del capital destinado a transporte. Él cree que con el dinero destinado a la Línea 2 del metro de Lima (5000 millones de dólares) se podrían haber construido diez líneas más del Metropolitano, lo cual hubiera beneficiado a una mayor cantidad de ciudadanos.







“No están diseñando la ciudad”







Por último, Wieser cerró la charla haciendo una reflexión sobre Lima después de la pandemia. Afirmó que una prioridad a futuro debe ser buscar la subvención del transporte formal. Asimismo, comentó que se debe impulsar el correcto diseño de las calles. Utilizó como ejemplo la avenida Benavides, donde la ampliación del tercer carril fue hecha sin pensar en el peatón, el cual ahora cuenta con un espacio muy reducido para transitar, además de tener cruces sumamente peligrosos. Enfatizó también que el césped no reemplaza ni a los árboles ni al mobiliario urbano, por lo que su uso en exceso carece de sentido, sobre todo en una ciudad del desierto costero. El autor dijo incluso que “cualquier árbol va a ser más bonito que nuestro proyecto”, por lo que no hay que dejarlos de lado.


Martín Wieser se despidió señalando que, para tener una mejor ciudad, es vital crear consciencia en la ciudadanía, la cual considera desinformada; así como también tener pequeñas iniciativas que creen cambios a largo plazo en la ciudad. Dijo que es inevitable meterse en política, pero no necesariamente en la política partidaria, puede ser también aquella que te motiva a plantearle cosas a la municipalidad, empezando por tu propio barrio. Es, pues, todo un reto, sobre todo para las nuevas generaciones.



Créditos: Transcripción de texto e ilustraciones por Amanda Mejía y Juan Manuel de la Serna



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